JUAN BETHENCOURT ALFONSO HISTORIA DEL PUEBLO GUANCHE PDF

Contiene: T. Su origen, caracteres etnolgicos y lingsticos. Etnografa y organizacin socio-poltica. Conquista de las Islas Canarias. Faria Gonzlez, Manuel A.

Author:Zulkigore Nazragore
Country:Albania
Language:English (Spanish)
Genre:Science
Published (Last):21 November 2012
Pages:373
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ISBN:523-3-26207-516-4
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Contiene: T. Su origen, caracteres etnolgicos y lingsticos. Etnografa y organizacin socio-poltica. Conquista de las Islas Canarias. Faria Gonzlez, Manuel A. Canarias - Historia - Hasta el s. Cubierta: Audiencia de losR. Valle de Gmar - Arafo Dep. Legal: TF. Ni la totalidad ni parte de esta publicacin pueden reproducirse, registrarse o transmitirse, por un sistema de recuperacin de informacin, en ninguna forma ni por ningn medio, sea electrnico, mecnico, fotoqumico, magntico, electroptico o informtico, por fotocopia, grabacin o cualquier otro, sin permiso previo por escrito de los titulares del de esta obra.

Contrataciones, asaltos y correras en Tenerife. Primer y segundo intento de invasin de Diego Garca Herrera. Su tratado con los soberanos de la isla; torren o casa de contratacin en Aaza; expulsin de los espaoles. Asalto de Alonso Fernndez de Lugo. Correra de Hernando de Vera. Entrada de Maldonado; batalla de Aaza. Aunque las islas Canarias estuvieran bajo el dominio del imperio romano, de lo que ofrecemos dar testimonio ms adelante y que viene a confirmar el pasaje que Plinio tom de Estacio Seboso, en que ste relata lo que oy a unos navegantes gaditanos respecto a dicho archipilago, a partir de la referida fecha nuestras crnicas no van ms all del siglo XIV en que ya era muy conocido y con alguna frecuencia visitado: en se realiz la expedicin dispuesta por el rey de Portugal de que nos habla Bocaccio; en fue consagrado por rey de Canarias, D.

Lus de la Cerda; en tuvo lugar otra expedicin de mallorquines y aragoneses; en el Papa Urbano V expidi su bula a los obispos de Barcelona y Tortosa sobre misiones en las Canarias; en lleg a Lanzarote de arribada el vizcano Martn Ruiz de Avendao; en un buque sevillano, el de Francisco Lpez, embarranc en la isla de Canaria; en segn Abreu Galindo, varios vecinos de Sevilla organizaron una expedicin; en aport a La Gomera el conde de Urea; en refiere Abreu Galindo otra entrada de vecinos sevillanos; y a principios del siglo XV, cuando Juan de Bethen-court daba principio a la conquista, sin depender de ste arribaron a las playas de Lanzarote los buques Morda y Tajamar, dueo del primero el honrado Francisco Calvo y del segundo, el malvado Fernando Ordez.

De estas pocas expediciones de que hay noticias, slo se sabe de una de aragoneses que toc en Tenerife. Hablando Marn y Cubas del conocimiento que tuvo Europa de la referida isla, dice Slo vino all un rey solo, que dicen tena la isla, llamado Betzenuriga, con muchos capitanes. An con estos escasos antecedentes y lo sucedido en el siglo XV con andaluces, castellanos, aragoneses, mallorquines, vizcanos, portugueses, sicilianos, genoveses, gascones, normandos y otros, se llega al convencimiento de que en esas dos centurias visitaron las Canarias aventureros de todas clases 1 : unos para comerciar pacficamente con los naturales y otros para robar cuanto podan, apoderndose de los indgenas para venderlos como esclavos en los mercados de Europa.

Este vil trfico que ha manchado a todas las sociedades de la tierra, fue durante dicha poca un negocio lucrativo a lo largo de ambas riberas del Mediterrneo; viniendo a ser las Canarias una mera prolongacin de la mina productora para los abastecedores del mercado.

Es evidente de que las islas se redimieron de tan infame codicia a medida que fueron conquistadas, si bien con perjuicio de las que quedaban por conquistar, por servir de blanco no ya a los piratas de fuera sino a los de dentro del Archipilago, que eran los ms temibles por su vecindad y mayores facilidades. As, no bien sometidos los indgenas de Lanzarote, en unin de los europeos cayeron sobre Fuerteventura, que a su vez contribuyeron a dominar a los del Hierro y todos ellos a La Gomera; para luego estas cuatro islas de seoro ser durante un siglo el azote de las tres restantes, hasta que reducidas Canaria y La Palma qued Tenerife como nica apetitosa presa de todas las dems.

Son legendarias por el Sur de la isla las entradas de las fustas o pataches de los seores de La Gomera y de Lanzarote, unas veces de paz y otras de guerra; y sin embargo, salvo dos o tres casos, no existen testimonios escritos de los asaltos y correras que sufri Tenerife. La primera de que hacen mencin los cronistas la llev a cabo Hernn Peraza, como a mediados del siglo XV al frente de hombres, mitad de peninsulares y mitad de naturales. Segn Nez de la Pea salt Peraza con soldados por una playa del reino de Gmar, que repartidos en escuadras se metieron tierra adentro como media legua, hasta que una de ellas, sorprendi a siete pastores que iban a comer, por ser propio de esta gente hacer juntas y medios das a costa de sus amos.

Retirronse con los siete cautivos y ms de mil cabezas de ganado; pero al embarcar descubrieron a un nio de siete aos cogiendo pecesitos en los charcos y tambin se lo llevaron para Lanzarote. Quin haba de pensar que este muchacho, conocido en la historia por Antn, era llamado a jugar un papel tan maravilloso en la fe de los tiempos pasados? Fue bautizado y apadrinado por Hernn Peraza, y despus de permanecer siete aos a su lado pudo escapar en una playa de su misma nacin, donde aport el buque que conduca a una playa de su misma nacin, donde aport el buque que conduca a Peraza de la isla de Lanzarote a La Gomera.

Otra de las mayores correras de que habla la tradicin, y a la que alude Marn y Cubas aunque de un modo muy confuso, fue la que llevaron a cabo lanzaroteos y castellanos unidos en ms o menos. Constituan una fuerte columna compuesta de gente de a pie y de a caballo, que desembarc por una de las playas de Gmar.

Tuvieron varios encuentros con los naturales comandados por su valeroso mencey Da-darmo; conocido ms tarde por el Rey de las Lanzadas, a consecuencia de su famosa hazaa, en uno de los combates, batindose a la vez con varios soldados de a caballo, que no lograron rendirlo a pesar de las heridas que recibi. Contbanse de este rey muchos hechos heroicos. Aunque los escasos recursos del inquieto seor de las cuatro islas menores, Diego Garca de Herrera, no le permitan aventurarse a los peligros del mayor empeo en el Archipilago como era la conquista de Tenerife, sase por su espritu emprendedor, ya para cubrir las apariencias con la Corona, bien a excitacin de su amigo el guerrero obispo D.

Diego Lpez Illescas, o por todas estas razones, el hecho fue que levant un ejrcito de hombres por mitad de naturales y peninsulares, que condujo en tres navios a Tenerife, dando fondo en el Bufadera del puerto de Aaza el 21 de Junio de ; siendo su primera diligencia echar a tierra soldados.

Alborotse la isla en tales trminos, que al poco tiempo se vio Herrera amenazado por fuerzas muy superiores dispuestas a cargar; y en la alternativa de un desastre si entraba en batalla o de reembarcar con prdida completa de su crdito, opt por el partido de poner en juego los medios diplomticos enviando intrpretes a los guanches con una embajada de paz.

Se ignora lo que positivamente pas, pero a juzgar por los sucesos, Herrera en medio de protestas de amistad debi solicitar el permiso de construir una casa de contratacin para establecer un comercio regular con el pas, prometiendo a la par defenderlos de los asaltos de los piratas. Como quiera que fuese, dice con fina irona Viera y Clavijo, es constante que el fruto de esta expedicin fue el mismo que el de la de Canaria: una gran certificacin en pergamino 2.

Conformndose con este simulacro, sin otro resultado positivo que mutuas promesas de buena amistad, retirse Diego de Herrera con su escuadrilla para Lanzarote pensando en nuevas y ms fciles empresas; hasta que a los dos aos, en , fue sorprendido por una poderosa expedicin de portugueses al mando de Diego de Silva, enviada por el infante D. No perdi el nimo el singular Diego de Herrera: batido en todas partes y fugitivo, agit con tal estruendo sus derechos a la conquista de la totalidad del Archipilago ante la curia romana la corte de Portugal y sobre todo la de Espaa, que al fin consigui que la Corona revocara la merced concedida a unos proceres portugueses de las islas de La Palma, Canaria y Tenerife, su fecha 6 de Abril de , y no solamente le fueron respetados sus derechos, sino que a su enemigo Diego de Silva lo hizo su yerno; constituyendo mediante esta unin una formidable fuerza hispano-portuguesa, que cay sobre Tenerife.

Mas no bien los guanches vieron en demanda del puerto de Aaza tan poderosa armada acudieron los naturales en grandsimo nmero, como dice Marn y Cubas, Prometase Diego de Herrera en esta segunda invasin alcanzar por medio de las armas lo que no pudo obtener en la primera, por la cuanta de la fuerza que llevaba; y no fue pequea su sorpresa al verse hostilizado por una muchedumbre ms numerosa que la vez anterior.

Por manera que considerndose impotente para llevar el asunto por las malas, disimul su contrariedad acudiendo de nuevo a las buenas palabras, a sus protestas de amistad y a la conveniencia de ambas partes del establecimiento en la isla de una casa de contratacin; y se dio tales maas que como dice Marn y Cubas, Todo hace presumir qued edificado hacia fines de y guarnicionado con un reducido presidio bajo el mando de Sancho Herrera, hijo de Diego Garca Herrera; y aunque se emplaz en territorio de la nacin anaguesa, por la hoy plaza de San Telmo en Santa Cruz, no fue por consentimiento nico del soberano de este reino como da a entender fray Alonso de Espinosa, sino por todos los reyes, porque los intereses de carcter general eran siempre motivo de acuerdos internacionales.

Pero hay ms. Sase que todos desconfiaban de los extranjeros y queran vigilarlos por su cuenta o que aspiraban a beneficiarse por igual en el trfico o que quisieran entablar una accin comn en suceso tan extraordinario, el hecho fue que convinieron en que cada uno de los nueve reyes que a la sazn tena Tenerife, incluyendo en este nmero el de Tegueste aunque era feudatario de los de Taoro, pusiera al servicio de los espaoles nueve siervos que daban un total de ochenta y uno, tanto para la construccin de la casa-fuerte, como para el pastoreo de los ganados del presidio, corte de madera, fabricacin de pez, recoleccin de orchilla y dems negocios de exportacin.

Los guanches aunque brbaros eran sagaces y muchos de ellos de clara inteligencia. Dbanse exacta cuenta del peligro, conocan las fuerzas de los europeos y las ventajas de sus armas, sus ambiciones de dominacin, sus progresos y mejores medios de vida; y por esto, si bien rechazaban con energa toda armada que llegara en son de conquista, hallbanse propicios para establecer relaciones mercantiles y de amistad cuando stas no amenazaban su independencia.

Este buen concierto y armona dur cosa de seis aos; hasta que un aciago da Diego Garca Herrera, sin duda falto de recursos y partiendo del supuesto que los siervos facilitados por los reyes fue un donativo de esclavos, dio orden de extraarlos de la isla probablemente para venderlos2.

No fueron habidos el completo de los 81 siervos, pero al saberse la noticia de los embarcados, un clamoreo de indignacin se levant en toda la isla, que se precipit furiosa sobre el torren, Sancho de Herrera y su gente; asaltndolo, segn Marn y Cubas, con pedradas y varas arrojadizas; lo persiguieron a nado tras la lancha y el fuerte fue desbaratado.

Hoy no cabe duda de que esta fue la causa de la expulsin de los espaoles all por el ao de En el discurso que ley en la Academia de la Historia D.

Rafael de Torres de Campo, en diciembre de , dio a conocer la prueba testifical que con arreglo al interrogatorio de la clebre informacin 3 sobre el derecho de la isla de Lanza-rote y conquista de las Canarias, hizo en Esteban Prez de Cabi-tos por mandato de los Reyes Catlicos, en la que se pone en claro el asunto que nos ocupa. Ofrecemos en la presente nota un extracto de lo que nos importa3.

La impoltica orden dada por Diego Garca Herrera, aparte de lo inhumanitaria, no ya puso en peligro la vida de su hijo Sancho y dems hombres del presidio, sino que malogr la conquista pacfica de la isla para el progreso y la civilizacin. Copiamos de Marn y Cubas: En hizo una entrada Alonso Fernndez de Lugo, antes de irse a Espaa las compaas de la Hermandad que haban acudido a la conquista de Canaria.

Llevando prctico entr de noche a la parte de Icod. Trajo a Canaria buena presa de ganado que hall acorralado, muy manso, todo cabro; 3 mujeres, 2 hombres y algunos muchachos que dorman en cuevas; y mucho sebo, carne salada, panes de cera y cantidad de velas de cera medio enceladas, y uno a modo de cirio pascual, encelado; cueros de cabra, cebada, dejando all otras mayores cantidades de todo esto, y molinitos o tahonillas de mano, cazuelas y platos de barro toscos.

Sbese que Lugo realiz varias entradas en Tenerife para tantearla y conocerla, sin duda porque abrigaba el proyecto de conquistarla. En los tiempos prximos a la invasin sostuvo estrechas relaciones con algunos indgenas, como pronto diremos. Pero apartndonos de estos actos de guerra, otros hombres mantenan con los guanches relaciones amistosas y un comercio regular, como suceda con Cristbal de Ponte Ginovs, que despus de la conquista fue datado en la isla.

Esto nos revela que los guanches no vivan tan ignorantes de lo que pasaba en las dems islas, como pretenden algunos cronistas, pintndolos a semejanza de los indios cuando los espaoles fueron por primera vez a Amrica. Las comunicaciones pacficas o guerreras fueron tan frecuentes desde mediados del siglo XV, que no pocos de los nombres actuales del litoral datan de esa poca. Desde esos tiempos eran muy conocidas las siguientes denominaciones: la sabina uropa, que serva de punto de referencia o seal en el valle de San Andrs; el Bufadera y la Isla o sase el Cabo, en Santa Cruz; la playa de la Cera, ms tarde del Socorro, y la playa de las Damas, en el reino de Gmar; el Ors o Pors y los Abrigos de Abona, en Arico; montaa de Roja y Abrigos de Lulaya, en Granadilla; las Galletas y puerto de los Cristianos, en Arona, etc.

Llegado en Agosto de a la vecina isla de Canaria el general Pedro de Vera, de funesta memoria para los gomeros, cuentan que con el tiempo quiso deshacerse de los indgenas que haban aceptado la soberana de Espaa por el temor que le inspiraban y les propuso que le ayudaran a conquistar a Tenerife.

Prestronse a ello, y embarcando naturales y 50 peninsulares en dos buques bajo la jefatura de Hernando de Vera, hijo del general, surgieron a la amanecida del da siguiente en el puerto de Aaza, donde saltaron todos. En la misma maana y sin perder tiempo se internaron hasta La Laguna, donde por sorpresa se apoderaron de un poco de ganado y de algunos pastores, no sin derrocamiento de sangre por ambas partes.

Mas ante el temor de ser sorprendidos a su vez, se retiraron al puerto y ganaron las embarcaciones, precisamente cuando por diferentes puntos aparecan las"fuerzas guanches.

No consigui Hernando de Vera, como era su propsito, reducirlos a que volvieran a tierra a medirse con los naturales. Convinieron en apostar cada socio un navio con la gente que pudiera llevar y se reunieron en Canaria con un total de hombres.

Dispuestos en dos escuadrones, uno en pos de otro la cuesta arriba para subir a La Laguna, guiaba el delantero Maldonado con los de Canaria. A pocos pasos sali una emboscada de guanches, con tanto esfuerzo y nimo, que no bast el socorro de Pedro Fernndez Saavedra que con su gente ayudaba a Maldonado, sin que luego no fuesen muertos ms de cristianos y muchos heridos; que al huir muy arrebatados a embarcarse, no acertando, quedaban miserablemente muertos.

Entraron los gentiles en el mar, el agua hasta los pechos, tirando astas y piedras, dando voces y alaridos. Llegaron a Canaria bien escarmentados, y deca Maldonado: no ms guanches, no ms guanches; y Saavedra deca que ms parecan fieras que hombres.

Despus fueron a hacer algunas presas y robos a Tenerife, aunque de muy poco precio, costando siempre hombres. Entre los cristianos muertos se contaban 70 peninsulares; y de los muertos y heridos guanches pues las fuerzas que entraron en funcin procedan de los tagoros ms prximos de los reinos de Gmar y Anaga los gimareros sufrieron las mayores bajas, algunas de hombres muy famosos, como fueron: el tagorero Arifonche, que cargando con loca impetuosidad se vio envuelto por el enemigo y despus de batirse a la desesperada, se hundi el feisne de leablanca para no caer prisionero; y el no menos notable chaurero de Tnzer, Arafun-che, muerto al frente de su cuadrilla; de quien se cuenta gan el terrero como jugador de palo en los ltimos Juegos Beesmares del reino de Tacoronte.

Dcese que entre muertos y heridos quedaron tendidos unos guanches. Yo Fernando de Prraga escribano pblico, en la isla de Fuerteventura, en lugar de Alfonso de Cabrera escribano pblico de las islas de Canaria; por mi seor Diego de Herrera, seor de las dichas islas, con la autoridad y decreto que el mismo seor me dio, vos doy fe y fago saber, que en presencia de m el dicho escribano e de los testigos de que de yuso sern escritos, en como un sbado, veinte y un das del mes de Junio, ao del Nacimiento de nuestro Salvador Jesucristo de mil e cuatrocientos e sesenta e cuatro aos estando en la isla de Tenerife, una de las islas de Canaria, en un puerto que se llama el Bufadera, estando ende el dicho seor Diego de Perrera seor de las dichas islas, con ciertos navios armados con mucha gente que traa en los dichos navios, vinieron ende parecieron ante el dicho seor el gran Rey de Imobach de Taoro.

El Rey de las Lanzadas, que se llama Rey de Cmar. E todos los sobredichos nueve Reyes, juntamente hicieron reverencia y besaron las manos al sobredicho seor, Diego de Perrera obedecindolo por seor; presentes los Trujamanes, que ende estaban, los cuales eran rey de armas que han nombre Lanzarote, e Matheos Alfonso, y otros muchos que saben la lengua de la dicha isla de Tenerife; e luego Juan Negrin, rey de armas, levant el pendn e dijo altas voces tres veces: Thenerife, Thenerife, Thenerife, por el Rey Dn.

E luego el dicho seor Diego de Herrera dej ende sus navios gente, e descendi, y subi por la tierra arriba, bien cerca de dos leguas, con los dichos Reyes, hollando la tierra con sus pies, en seal de posesin, y cortando ramas de rboles, que en la dicha isla estaban, e los dichos Reyes metindolo en la dicha posesin pacficamente, nongelo conturbando, ni contrallando persona alguna; yendo con l por la dicha tierra acompandole, e facindole todo agasajo, e servicio que podan.

E yo el dicho Hernando de Prraga, Escribano, dicho, que fise escribir esta carta, e fise en ella mi signo, a tal en testimonio de verdad. Didacus Episcopus Rubi-sensis. Fernando de Prraga, Escribano pblico. En Fuerteventura firm este acta el obispo Illescas para darle mayor autoridad; pero as todo, los hechos confirmaron fue una mera frmula cancilleresca de cuya significacin no se enteraron los guanches, pero que entre los pueblos civilizados de aquellos tiempos y en los actuales cuando hay bastantes caones daban derecho a la soberana de un territorio.

Refirindose a la primera invasin de Diego Garca Herrera en y a lo ocurrido ms tarde, escribe Ende algunos aos vino Sancho de Herrera, hijo del sobredicho, a esta isla con intento de ganalla y poblalla, y salt en tierra en el puerto de Santa Cruz, trmino de Naga, que llamaron Aazo; donde permitindolo los naturales hizo un torrejn en que l y los suyos vivan, y all venan los naturales a tratar y contratar con los cristianos.

Sucedi que los espaoles hicieron un hurto de ganado, de que los naturales se sintieron y se quejaron a Sancho de Herrera de sus vasallos; y para conservar el amistad entre ellos firmada, hicieron una ley: que si algn cristiano cometie- rera se delito alguno, que se lo entregasen a ellos para que hiciesen del a su voluntad, y si natural contra espaol por el contrario. Hecha esta ley o conveniencia, sucedi que los espaoles incurrieron en ella, haciendo no s que agravio a los guanches, los cuales quejndose del agravio recibido, Sancho de Herrera entreg en cumplimiento de lo que entre s haban puesto, para que ellos hiciesen justicia a los espaoles.

El rey de Naga usando de clemencia con ellos no le quiso hacer mal, antes los volvi en paz a su capitn sin dao. No pasaron muchos das que los guanches cayeron en la pena, habiendo hecho contra los espaoles cosa de que les convino querellarse a su rey de ellos, el cual sin ms deliberar entreg a Sancho de Herrera los malhechores; mas no les sucedi con l lo que a los espaoles con su rey, porque los mand ahorcar luego Sancho de Herrera sin remedio.

No pudieron los naturales sufrir ni llevar la cruel justicia que de los suyos, en su tierra, los advenedizos y extranjeros hicieron; y as amotinados quiebran las paces entre ellos asentadas, y vienen de mano armada al torrejn que los cristianos tenan hecho y dando con l por el suelo lo arrasan, matando algunos de los que dentro hallaron; y as fue forzoso a Sancho de Herrera y a los suyos que, desamparando la tierra, se volviesen a la suya con prdida de algunos.

Cuanto refiere fray Alonso de Espinosa de la ley concertada entre guanches ana-guenses y los espaoles, para administrar alternativamente justicia segn la nacionalidad de los delincuentes, es una pura novela; aparte de que hoy se conoce la verdadera causa del rompimiento, dadas las instituciones guanches en que no era unipersonal la administracin de justicia, tampoco se prestaban los celosos y desconfiados indgenas a que un extranjero ejerciera en sus tierras actos de soberana sobre sus habitantes.

Puede afirmarse que el que as piensa no conoci al pueblo guanche. La 36 se refiere a si por efecto de la continua guerra que Herrera haca a los indgenas, stos lo reconocan por seor y le dieron posesin de la isla y le besaron las manos, y pona Justicia, etc. El testigo Antn Soria, a la A la

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