EL SUSURRO DEL LENGUAJE BARTHES PDF

Tegal Is there a difference between author and writer? Because Lacan believed that unconscious is also a system and is not chaotic, and it worKs directly with the means of language, so when the author writes something and translates his thoughts into written text, tha language itself reveals enough and more than enough so there will be no need to include immeasurable data about authors history and etc. My library Help Advanced Book Search. To learn that wading through surfaces is really more fulfilling than penetrating hard enough to read a safe and stable meaning. Feb 12, Nikhilesh rated it really liked it. There is hope and joy in this meaninglessness.

Author:Dicage Nikozilkree
Country:Bulgaria
Language:English (Spanish)
Genre:Science
Published (Last):17 August 2015
Pages:175
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ISBN:512-3-84438-647-6
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B Las facultades francesas tienen en su poder una lista oficial de las ciencias, tanto sociales como humanas, que son objeto de enseanza reconocida y, de esa m anera, obligan a delim itar la especialidad de los diplomas que confieren: se puede ser doctor en esttica, en psicologa, en sociologa, pero no en herldica, en semntica o en victimologa. As pues, la institucin determina de m anera directa la naturaleza del saber humano, al imponer sus procedimientos de divisin y de clasificacin, exactamente igual que una lengua obliga a pensar de una determ inada mane ra, por medio de sus rbricas obligatorias y no m eram ente a causa de sus exclusiones.

En otras palabras, lo que define a la ciencia a p artir de ahora, en este texto llamaremos ciencia al conjunto de las ciencias sociales y hum anas no es ya su conteni do a menudo mal delimitado y lbil , ni su mtodo el mtodo vara de una ciencia a otra: qu pueden tener en comn la cien cia histrica y la psicologa experimental?

Dicho en una palabra: la ciencia es lo que se ensea. La literatura posee todas las caractersticas secundarias de la ciencia, es decir, todos los atributos que no la definen. Tiene los mismos contenidos que la ciencia: efectivamente, no hay una sola m ateria cientfica que, en un momento dado, no haya sido tratada por la literatura universal: el mundo de la obra literaria es un mundo total en el que todo el saber social, psicolgico, his trico ocupa un lugar, de m anera que la literatura presenta ante nuestros ojos la misma gran unidad cosmognica de que gozaron los griegos antiguos, y que nos est negando el estado parcelario de las ciencias de hoy.

La literatura, como la ciencia, es metdi ca: tiene sus propios program as de investigacin, que varan de acuerdo con las escuelas y las pocas como varan, por su parte, los de la ciencia , tiene sus reglas de investigacin, y, a veces, hasta sus pretensiones experimentales. Al igual que la ciencia, la literatura tiene una moral, tiene una determinada m anera de ex traer de la imagen que de s misma se form a las reglas de su actividad, y de someter, por tanto, sus proyectos a una determi nada vocacin de absoluto.

Queda un ltim o rasgo que ciencia y literatura poseen en comn, pero este rasgo es, a la vez, el que las separa con ms nitidez que ninguna otra diferencia: ambas son discursos la idea del logos en la antigedad expresaba esto perfectamente , pero el lenguaje que constituye a la una y a la otra no est asu mido por la ciencia y la literatura de la misma manera, o, si se prefiere, ciencia y literatura no lo profesan de la misma manera.

El lenguaje, para la ciencia, no es ms que un instrum ento que interesa que se vuelva lo ms transparente, lo m s neutro posi ble, al servicio de la m ateria cientfica operaciones, hiptesis, resultados que se supone que existe fuera de l y que le prece de: por una parte, y en principio, estn los contenidos del mensa je cientfico, que lo son todo, y, por otra parte, a continuacin est la forma verbal que se encarga de expresar tales contenidos, y que no es nada.

No es ninguna casualidad que, a p a rtir del si glo xvi, el desarrollo conjugado del empirismo, el racionalismo y la evidencia religiosa con la Reforma , es decir, el desarrollo del espritu cientfico en el ms amplio sentido del trmino haya ido acompaado de una regresin de la autonom a del len guaje, que desde ese momento quedar relegado al rango de instrum ento o de buen estilo, m ientras que durante la Edad Media la cultura humana, bajo la especie del Septenium, compar ta casi a partes iguales los secretos de la palabra y los de la naturaleza.

Muy por el contrario, en la literatura, al menos en la derivada del clasicismo y del humanismo, el lenguaje no pudo ya seguir siendo el cmodo instrum ento o el lujoso decorado de una rea lidad social, pasional o potica, preexistente, que l estara en cargado de expresar de m anera subsidiaria, mediante la sumisin a algunas reglas de estilo:.

Desde el punto de vista tcnico, y de acuerdo con la definicin de Romn Jakobson, lo potico es decir, lo literario designa el tipo de mensaje que tiene como objeto su propia form a y no sus contenidos.

Desde el punto de vista tico, es simplemente a travs del lenguaje como la literatura pretende el desmorona m iento de los conceptos esenciales de nuestra cultura, a la ca beza de los cuales est el de lo real. Desde el punto de vista poltico, por medio de la profesin y la ilustracin de que ningn lenguaje es inocente, y de la prctica de lo que podramos llam ar el lenguaje integral, la literatura se vuelve revolucionaria.

As pues, en nuestros das resulta ser la literatura la nica que sopor ta la responsabilidad total del lenguaje; pues si bien es verdad que la ciencia necesita del lenguaje, no est dentro del lenguaje, como la literatura; la prim era se ensea, o sea, se enuncia y ex pone, la segunda se realiza, ms que se transm ite tan slo su historia se ensea. La ciencia se dice, la literatura se escribe; la una va guiada por la voz, la otra sigue a la mano; no es el mismo cuerpo, y por tanto no es el mismo deseo, el que est de trs de la una y el que est detrs de la otra.

Al basarse fundam entalm ente en una determ inada m anera de usar el lenguaje, escamotendolo en un caso y asumindolo en otro, la oposicin entre ciencia y literatura tiene una im portan cia muy particular para el estructuralism o. Bien es verdad que esta palabra, casi siempre im puesta desde fuera, recubre actual m ente muy diversas empresas, a veces hasta divergentes, incluso enemigas, y nadie puede atribuirse el derecho de hablar en su nombre; el autor de estas lneas no pretende tal cosa; se limita a retener del estructuralismo actual la versin ms especial y en consecuencia ms pertinente, la que bajo este nom bre se re fiere a un determinado tipo de anlisis de las obras culturales, en la medida en que este tipo de anlisis se inspira en los mtodos de la lingstica actual.

Es decir que, al proceder l mismo de un modelo lingstico, el estructuralism o encuentra en la literatura, obra del lenguaje, un objeto ms que afn: homogneo respecto a l mismo. E sta coincidencia no excluye una cierta incomodidad, es ms, una cierta discordia, que depende de si el estructuralis mo pretende guardar la distancia de una ciencia respecto a su objeto o si, p o r el contrario, acepta com prom eter y hasta perder el anlisis del que es vehculo en esa infinitud del lenguaje cuyo camino hoy pasa por la literatura; en una palabra, depende de si lo que pretende es ser ciencia o escritura.

En cuanto ciencia, el estructuralism o se encuentra a s mismo, por as decirlo, en todos los niveles de la obra literaria. En prim er lugar al nivel de los contenidos, o, ms exactamente, de la forma de los contenidos, ya que su objetivo es establecer la lengua de las historias relatadas, sus articulaciones, sus uni dades, la lgica que las encadena unas con otras, en una palabra, la mitologa general de la que cada obra literaria participa.

A continuacin, al nivel de las formas del discurso; el estructu ralismo, en virtud de su mtodo, concede una especial atencin a las clasificaciones, las ordenaciones, las organizaciones; su ob jeto general es la taxonoma, ese modelo distributivo que toda obra humana, institucin o libro, establece, ya que no hay cultura si no hay clasificacin; ahora bien, el discurso, o conjunto de palabras superior a la frase, tiene sus propias form as de organiza cin: tam bin se tra ta de una clasificacin, y de una clasificacin significante; en este aspecto, el estructuralism o literario tiene un prestigioso antecesor, cuyo papel histrico suele, en general, sub estim arse o desacreditarse por razones ideolgicas: la Retrica, imponente esfuerzo de toda una cultura para analizar y clasifi car las formas de la palabra, para to m a r inteligible el mundo del lenguaje.

P or ltimo, al nivel de las palabras: la frase no tiene tan slo un sentido literal o denotado; est adems atibo rrada de significados suplementarios: al ser, simultneamente, referencia cultural, modelo retrico, ambigedad voluntaria de enunciacin y simple unidad de denotacin, la palabra litera ria es tan profunda como un espacio, y este espacio es justa m ente el campo del anlisis estructural, cuyo proyecto es mucho ms amplio que el de la antigua estilstica, fundam entada por completo sobre una idea errnea de la expresividad.

A todos los niveles, argumento, discurso, palabras, la obra literaria ofre ce, pues, al estructuralism o, la imagen de una estructura perfec tam ente homolgica eso pretenden probar las actuales inves tigaciones respecto a la propia estructura del lenguaje.

Es fcil entender as que el estructuralism o quiera fundar una ciencia de la literatura, o, ms exactamente, una lingstica del discur so, cuyo objeto es la lengua de las formas literarias, tomadas a mltiples niveles: proyecto bastante nuevo, ya que hasta el momento la literatura nunca haba sido abordada cientfica mente sino de una m anera muy marginal, a p a rtir de la historia de las obras, de los autores, de las escuelas, o de los textos fi lologa.

Sin embargo, por ms nuevo que sea, tal proyecto no resulta satisfactorio, o al menos no lo bastante. Deja sin solucin el di lema del que hablbamos al comienzo, dilema alegricamente sugerido por la oposicin entre ciencia y literatura, en cuanto que sta asume su propio lenguaje y aqulla lo elude, fingiendo que lo considera puram ente instrum ental.

E n una palabra, el es tructuralism o nunca ser ms que una ciencia ms nacen unas cuantas cada siglo, y algunas de ellas pasajeras , si no consigue colocar en el centro de su empresa la misma subversin del len guaje cientfico, es decir, en pocas palabras, si no consigue es cribirse a s mismo: cmo podra dejar de poner en cuestin al mismo lenguaje que le sirve para conocer el lenguaje?

La pro longacin lgica del estructuralism o no puede ser otra que ir hacia la literatura, pero no ya como objeto de anlisis sino como actividad de escritura, abolir la distincin, que procede de la lgica, que convierte a la obra en un lenguaje-objeto y a la ciencia en un metalenguaje, y poner de esa m anera en peligro el ilusorio privilegio que la ciencia atribuye a la propiedad de un lenguaje esclavo.

As que el estructuralista an tiene que transform arse en es critor, y no por cierto para profesar o para practicar el buen estilo, sino para volverse a topar con los candentes problemas que toda enunciacin presenta en cuanto deja de envolverse en los benficos cendales de las ilusiones propiam ente realistas, que hacen del lenguaje un simple mdium del pensamiento. Se m ejante transform acin pasablemente terica an, hay que reconocerlo exige cierto nm ero de aclaraciones o de recono cimientos.

En prim er lugar, las relaciones entre la subjetividad y la objetividad o, si as se prefiere, el lugar que ocupa el su jeto en su trabajo ya no pueden seguir pensndose como en los buenos tiempos de la ciencia positivista. La objetividad y el rigor, atributos del sabio, que todava nos dan quebraderos de cabeza, son cualidades esencialmente preparatorias, necesarias durante el trabajo, y, a ese ttulo, no deben ponerse en entredi cho o abandonarse por ningn motivo; pero esas cualidades no pueden transferirse al discurso ms que gracias a una especie de juego de manos, procedimiento puram ente metonmico, que confunde la precaucin con su efecto discursivo.

Toda enuncia cin supone su propio sujeto, ya se exprese el tal sujeto de ma nera aparentem ente directa, diciendo yo, o indirecta, designn dose como l, o de ninguna manera, recurriendo a giros imperso nales; todas ellas son trucos puram ente gramaticales, en las que tan slo vara la m anera como el sujeto se constituye en el in terior del discurso, es decir, la m anera como se entrega, teatral o fantasm ticam ente, a los otros; as pues, todas ellas designan formas del imaginario.

Entre todas esas formas, la ms capcio sa es la form a privativa, que es precisam ente la que ordinaria mente se practica en el discurso cientfico, del que el sabio se excluye por necesidades de objetividad; pero lo excluido, no obs tante, es tan slo la persona psicolgica, pasional, biogrfica , siempre, de ninguna manera el sujeto; es ms, este sujeto se re llena, por as decirlo, de toda la exclusin que impone de m anera espectacular a su persona, de m anera que la objetividad, al nivel del discurso nivel fatal, no hay que olvidarlo, es un imagi nario como otro cualquiera.

A decir verdad, tan slo una formalizacin integral del discurso cientfico me refiero a las ciencias humanas, pues, por lo que respecta a las otras ciencias, ya lo han conseguido ampliamente podra evitar a la ciencia los ries gos del imaginario, a menos, por supuesto, que sta acepte la prctica del imaginario con total conocimiento de causa, conoci miento que no puede alcanzarse ms que a travs de la escritura: tan slo la escritura tiene la posibilidad de elim inar la mala fe que conlleva todo lenguaje que se ignora a s mismo.

La escritura, adems y esto es una prim era aproximacin a su definicin , realiza el lenguaje en su totalidad. Recurrir al discurso cientfico como instrum ento del pensamiento es postu lar que existe un estado neutro del lenguaje, del que derivaran, como otros tantos adornos o desviaciones, un determ inado nme ro de lenguas especiales, tales como la lengua literaria o la lengua potica; se supone que este estado neutro sera el cdigo de re ferencia de todos los lenguajes excntricos, que no seran ms que subcdigos suyos; al identificarse con este cdigo referencial, fundamento de toda normalidad, el discurso cientfico se arroga una autoridad que precisam ente es la escritura la que debe poner en cuestin; la nocin de escritura implica efecti vamente la idea de que el lenguaje es un vasto sistema dentro del cual ningn cdigo est privilegiado, o, quiz mejor, un siste ma en el que ningn cdigo es central, y cuyos departam entos estn en una relacin de jerarqua fluctuante.

El discurso cien tfico cree ser un cdigo superior; la escritura quiere ser un cdi go total, que conlleva sus propias fuerzas de destruccin.

De ah se sigue que tan slo la escritura es capaz de rom per la imagen teolgica impuesta por la ciencia, de rehusar el terror paterno extendido por la abusiva verdad de los contenidos y los razo namientos, de abrir a la investigacin las puertas del espacio completo del lenguaje, con sus subversiones lgicas, la mezcla de sus cdigos, sus corrimientos, sus dilogos, sus parodias; tan slo la escritura es capaz de oponer a la seguridad del sabio en la medida en que est expresando su ciencia lo que Lautramont llamaba la modestia del escritor.

Por ltimo, entre la ciencia y la escritura existe una tercera frontera que la ciencia tiene que reconquistar: la del placer. En una civilizacin que el monotesmo ha dirigido por completo hacia la idea de la Culpa, en la que todo valor es el producto de un esfuerzo, esta palabra suena mal: hay en ella algo de liviano, trivial, parcial.

Deca Coleridge: A poem is tha species of composition which is opposed to works of Science, by purposing, for its immediate object, pleasure, not truth, declaracin que es ambigua, pues, si bien asume la naturaleza, hasta cierto punto ertica, del poema de la literatura , contina asignndole un cantn reservado y casi vigilado, distinto del ms im portante te rritorio de la verdad.

El placer, sin embargo hoy nos cuesta menos adm itirlo, implica una experiencia de muy distinta am plitud y significado que la simple satisfaccin-del gusto. Ahora bien, jam s se ha apreciado seriamente el placer del lenguaje; la antigua Retrica, a su m anera, ya tuvo alguna idea, cuando fun d un gnero especial de discurso, el epidctico, abocado al es pectculo y la admiracin; pero el arte clsico tom el gustar, que era su ley, segn propias declaraciones Racine: La prim era regla es gustar Tan slo el barroco, experiencia literaria que no ha pasado de tolerable para nuestras sociedades, o al menos para la francesa, se atrevi a efectuar algunas exploraciones de lo que podra llamarse el Eros del lenguaje.

El discurso cientfi co est bien lejos de ello; pues si llegara a aceptar la idea tendra que renunciar a todos los privilegios con que le rodea la institu cin social y aceptar la entrada en esa vida literaria de la que Baudelaire, a propsito de Edgar Poe, nos dice que es el nico elemento en el que algunos ciertos seres desclasados pueden respirar.

Una m utacin de la conciencia, de la estructura y de los fines del discurso cientfico: eso es lo que quizs habra que exigir hoy en da, cuando, en cambio, las ciencias hum anas, constituidas, florecientes, parecen estar dejando un lugar cada vez ms exiguo a una literatura a la que comnmente se acusa de irrealismo y de deshumanizacin. Precisamente por eso, ya que el papel de la literatura es el de representar activamente ante la institucin cientfica lo que sta rechaza, a saber, la soberana del lenguaje.

Y es el estructuralism o el que debera estar en la m ejor situacin para suscitar este escndalo; pues al ser consciente en un grado muy agudo de la naturaleza lingstica de las obras hum anas, es el nico que hoy da puede replantear el problem a del estatuto lingstico de la ciencia; al tener por objeto el lenguaje todos los lenguajes, rpidam ente ha llegado a definirse como el metalenguaje de nuestra cultura.

No obstante, es necesario que su pere esta etapa, ya que la oposicin entre los lenguajes-objeto y sus m etalenguajes sigue en definitiva estando sometida al modelo paterno de una ciencia sin lenguaje. La tarea a la que se enfren ta el discurso estructural consiste en volverse completamente homogneo respecto a su objeto; slo hay dos caminos para llevar a cabo esta tarea, tan radicales el uno como el otro: o bien el que pasa por una formalizacin exhaustiva, o bien el que pasa por la escritura integral.

Segn esta segunda hiptesis que es la que aqu se est defendiendo , la ciencia se convertira en lite ratura, en la m edida en que la literatura sometida, por otra parte, o una creciente transform acin de los gneros tradiciona les poema, relato, crtica, ensayo ya es, lo ha sido siempre, la ciencia; puesto que todo lo que las ciencias hum anas estn des cubriendo hoy en da, en cualquier orden de cosas, ya sea en el orden sociolgico, psicolgico, psiquitrico, lingstico, etc.

Frente a la verdad en tera de la escritura, las ciencias humanas, constituidas de m a nera tarda sobre el barbecho del positivismo burgus, aparecen como las coartadas tcnicas que nuestra sociedad se perm ite a s misma para m antener en su seno la ficcin de una verdad teo lgica, soberbiamente y de una m anera abusiva separada del lenguaje.

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BARTHES, Roland - El Susurro Del Lenguaje

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El susurro del lenguaje

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